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miércoles, 26 de agosto de 2015

“POR LA TRONCAL PASA LA COMIDA EN CAMIONES, NO NOS VAMOS A DEJAR MORIR DE HAMBRE…"


-Crónica sobre Audiencia Defensorial en Ovejas, Sucre-


Por: Johan Mendoza Padilla

Desde que salieron los primeros rayos de luz ya los campesinos estaban prestos a una nueva jornada de trabajo, pero no exclusivamente para labrar la tierra, ni para darle de comer a los animales, ese lunes, 24 de agosto, los campesinos ovejeros, hijos de las enigmáticas montañas de Los Montes de María, salían a trabajar como organización, como ciudadanos que gozan de plenos derechos y, de una manera u otra, tienen que hacerla valer ante aquellos que suelen ignorarlas con el propósito de beneficiar a unos cuantos en detrimento de la mayoría. Estos colombianos salían a ejercer su rol como constituyente primario, dispuestos a actuar como pueblo soberano.

Ese día se realizaba en la vereda Villa Colombia, del municipio de Ovejas – Sucre, una audiencia defensorial, incitada por los campesinos que han venido sufriendo los estragos de la sequía que por varias temporadas afecta a la población rural, la cual fue convocada a través de la Defensoría del Pueblo. A este espacio asistieron instituciones como la Alcaldía de Ovejas con sus secretarías, la Personería Municipal, la Red de Atención a las Víctimas, la Red de Restitución de Tierras, la Inspección de Policía, la Policía Nacional, la Infantería de Marina, Familias en Acción y el SENA. No respondieron al llamado la Gobernación de Sucre, Bienestar Familiar, CARSUCRE y otras entidades que tienen mucho que ver con la atención a la ciudadanía y la promoción y protección de sus derechos.

La audiencia dio inicio con la intervención de 16 voceros de distintas veredas, quienes hicieron fuertes denuncias sobre el abandono estatal a la que han condenado a la población rural, como si fuesen castigados por persistir en el trabajo agrario. De igual manera, resaltaron los permisos que vienen otorgando algunas entidades, en especial CARSUCRE (Corporación Autónoma Regional de Sucre), a proyectos que han deteriorado al medio ambiente, como el brusco cambio del uso de tierra que se ha realizado con el sembrado de Teca (dentro de un supuesto proyecto de reforestación) y la extracción de arenas cerca a los arroyos que nutren de agua a algunas zonas, produciendo efectos negativos en el caudal que antes solían tener. También hicieron fuerte énfasis a la ausencia de apoyo en proyectos realmente sostenibles, pues a raíz de ser la población rural de Ovejas víctimas del conflicto armado, se les suele facilitar subsidios y animales para su usufructo, pero con el devastador clima y la falta de recursos, tales ayudas y animales terminan siendo de uso doméstico. El campesino ovejero poco vende hoy lo que cosecha, a duras penas el producto de la tierra alcanza para el consumo familiar, esto no solo por el clima, sino también por la falta de mercados donde vender, de vías terciarias para sacar los productos, de maquinaria propia, de tecnificación del campo y de incentivos al trabajo rural.

En los mismos términos los líderes campesinos, quienes han experimentado en carne propia los estragos de la guerra, daban testimonio de lo insoportable que es vivir sin agua potable. Es cuestionable que esta población, que está dentro de un plan de consolidación estatal, es decir, que se ha convertido en un referente de las zonas en donde el Estado dice haber derrotado a las insurgencias y toman el control total de su territorio, no cuente con el preciado líquido. Quienes vayan de visita a la zona rural de Ovejas se impactarán por las decenas de burros que pasan a diario con tanques de agua que deben ir a buscar a pozos artesanales, extraer de la tubería que lleva agua al Carmen de Bolívar o comprarla en el casco urbano del municipio. Para los dos primeros casos hay un riesgo porque el agua consumida no es tratada, lo que trae consigo enfermedades a la población, incluso los infantes vienen naciendo con deficiencias físicas; con el último, pese a ser una agua tratada, golpea enormemente a la precaria economía familiar, debido a que la compra de un viaje de agua cuesta 5 mil pesos, lo que los obliga a racionalizar enormemente este líquido.

Por último, reseñaron una vez más el hambre que vienen padeciendo, en donde, de no ser por el sancocho que la Defensoría del Pueblo donó para ese día, muchos se hubiesen ido de largo hasta la noche o hasta el día siguiente. No es exagerar cuando se dice que familias campesinas comen una ración al día. La pérdida de cultivos ha obligado hasta el cambio de la dieta, en donde antes una cena solía ser ajonjolí, yuca, queso y café, ahora solo es arepa (de harina fiada en las tiendas) y agua. Los animales mueren de a poco, la gente se desmotiva y empieza a abandonar la tierra buscando ayuda en la ciudad. Lo que se pronostica, de no haber soluciones efectivas, es un nuevo desplazamiento masivo por el hambre que padecen, paradójicamente quienes debiesen cultivar lo que comemos a diario, los campesinos.

Luego de las comunidades tomaron la palabra las instituciones, encabezadas por el alcalde del municipio de Ovejas, Edwin Mussy Marinelly, el cual hizo una exposición en donde sustentaba el porqué de la falta del preciado líquido en la zona rural. Sostenía que ha habido muchas talanqueras jurídicas, las cuales podrían superarse de haber voluntad por parte de CORSUCRE y la Gobernación, de ahí que el burgomaestre haya lamentado la no asistencia de ellos, lo que podría haber facilitado algunas soluciones inmediatas. Explicó que también, debido a la actual distribución de recursos por concepto de regalías, Ovejas ha salido bastante perjudicada con la reducción de los aportes nacionales. En el mismo sentido aclaraba que la plata del mejoramiento del parque, así como distintos proyectos que el mismo presidente Juan Manuel Santos ofreció, no puede ser destinada a otro fin del que aprueban en dichos fondos y, de hacerlo, se expondría a delitos administrativos y penales; por otro lado, si no cogen la plata para el parque en Ovejas, este se va para arreglar otro parque en otro municipio. Admite que ha habido un precario acompañamiento al campesino ovejero, pero pide comprensión, puesto que en muchas cosas el municipio tiene las manos atadas, ya que, el flujo de recursos y la autonomía de las entidades están en el orden departamental, la alcaldía solo puede ofrecer asesoría técnica.

En los mismos términos intervinieron los voceros de las demás entidades que acataron el llamado de la comunidad. Solo resalto la advertencia del delegado de la entidad que atiende a las víctimas, el cual subrayó que si hay un nuevo desplazamiento no serán atendidas como víctimas pues no han sido presionados por algún grupo armado, así como lo contempla la Ley 1448.

Pero lo que a los campesinos les interesa son las soluciones, es decir, no tantas palabras ni promesas, así que se llegaron a los siguientes acuerdos:
  1. Se declara el estado de calamidad pública para la zona rural de Ovejas.
  2. Se implementará un banco de alimentos, involucrando allí a los empresarios y entidades del nivel departamental. La comida será facilitada a los voceros de las comunidades.
  3. Se abrirá una comisión que revise el estado de la infraestructura del acueducto rural, los términos legales que evitan su entrada en funcionamiento y alternativas que permitan la distribución del agua potable a la población campesina. Este equipo estará conformado por la administración, la comunidad, la Defensoría del Pueblo y la Personería Municipal.
  4. Se usará un carro tanque militar para abastecer temporalmente de agua a la población.
  5. Se realizarán brigadas de salud, esperando poder garantizar que las EPS´s faciliten los medicamentos que requiera la población en dichas campañas.
  6. Se intermediará para que a nivel departamental y nacional se le brinde una mejor y oportuna atención a la población campesina ovejera, que es igualmente población víctima.
Para el cumplimiento de dichos acuerdos se harán audiencias de control y seguimiento. Las comunidades hicieron un pacto de diálogo y colaboración para hacer realidad las soluciones momentáneas a los males que los afecta, pero, de no cumplirse, dejaron claro que se movilizarán, porque como dicen ellos: “por la troncal (vía nacional) pasan mulas con carne y arroz y nosotros no nos vamos a dejar morir de hambre”. En otras palabras, dejan claro que lo que ocurra, para bien o para mal, será responsabilidad de las instituciones, pues de cumplir con los acuerdos no habrá necesidad de tomar las vías de hechos.

Asimismo, Jorge Velázquez, dirigente de ASOTRACDES (Asociación de Trabajadores Agropecuarios y Campesinos de Sucre), informó que ya con esta son varias las audiencias que tienen planificado impulsar y acompañar, pues el campesino sucreño está reactivando su fuerza organizativa. El próximo destino será Chalán. Esperan poder cubrir todos los municipios montemarianos, así como los de la Mojana y demás zonas del departamento.

Luego de varios apretones de manos, de haberse deleitado con el sancocho, los campesinos regresaron a sus ranchos, algunos a pie, otros en motos, y demás en el carro que puso a disposición la alcaldía municipal. Regresaron tranquilos porque saben que cumplieron con un deber: el de buscar, por medio del diálogo, alternativas que les ayude a superar la horrible noche por la que hoy pasan. Sin embargo, saben que las palabras no se comen, así que aprovecharán al máximo las lloviznas de los últimos días para cultivar nuevamente y poder, dentro de cinco meses, cosechar algo que les ayude en su faena de sobrevivir en el campo colombiano. Pero estarán pendientes, saben que de no cumplirse los acuerdos, no tendrán de otra que pelear para poder vivir. Esa es la realidad de aquellos que creen que el campo aún tiene futuro, pese a que otros lo hayan condenado a la miseria y la exclusión. ¿Comenzará una nueva historia para ellos? 


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