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viernes, 25 de septiembre de 2015

EL TRIBUNAL POPULAR COMO EJERCICIO CONSTITUYENTE



A contados días de la realización del Tribunal Popular contra las Transnacionales en La Guajira, que coincide con el ambiente de posible acuerdo, más cerca que nunca, entre las FARC – EP y el Gobierno de Juan Manuel Santos, hemos acumulado una importante experiencia que conlleva a reflexiones determinadas sobre todo por la cercanía que el Comité La Guajira Resiste (organizador del evento) ha alcanzado con las comunidades de este departamento fronterizo, rico en recursos minerales y de alta población indígena, que además cuenta con asentamientos y comunidades afrodescendientes.

Es tal la dimensión de la crisis humanitaria de La Guajira, que ni siquiera los medios de comunicación adscritos al Establecimiento han podido ocultar el hecho, teniendo que registrar la lamentable hambruna que padecen sus habitantes, así como los estragos ocasionados por la falta de agua. Pero como no se les puede pedir demasiado, porque ya es más que claro a qué intereses responden, estos medios se han dado a la tarea de difundir la versión oficial según la cual toda esta debacle se debe al llamado Fenómeno del Niño, sin mencionar que, aunque el cambio climático contribuye, lo determinante ha sido el abandono estatal, coadyuvado por la corrupción vergonzosa de la clase política local, la inhumana extracción minera y la ausencia de una política fronteriza que atienda las  necesidades de los nacionales de este lado de la frontera.

Esa es la realidad que hemos recogido en las diferentes visitas realizadas a varias comunidades del departamento. Allí se evidencian los más complejos problemas derivados del hambre y la miseria, al lado de la opulencia y la maquinaria devastadora del medio ambiente que emplea la minera El Cerrejón.


No obstante, interactuar con las comunidades y su entorno nos permite ubicar que la paz en Colombia es posible sí y solo sí se adelanta un profundo proceso constituyente que consulte a ese país olvidado desde siempre, porque esa Colombia tiene mucho que decir y aportar en la construcción de la verdadera paz. Abrir grandes canales para la participación popular es una necesidad histórica, más que mera retórica. La importancia de instaurar una verdadera democracia en este país radica en que quienes nunca han tenido voz expresen su valiosa opinión y decidan, porque está demostrado, por dos siglos de fracaso del proyecto oligarca, que unas cuantas familias adineradas no fueron capaces de atender el encargo de dirigir el país felizmente (encargo que se auto-adjudicaron).

En La Guajira habrá que consultar a las comunidades aledañas a la mina a cielo abierto más grande del mundo y las demás que indirectamente, de una u otra forma, se ven afectadas por la extracción, para que definan la manera de explotación del mineral, la dimensión de la mina, los efectos dañinos que genera y los beneficios que deja en las comunidades, es decir, la redistribución de los ingresos que percibe la transnacional por su labor extractivista. En pequeña escala, ese es el ejercicio que se propone el Tribunal Popular, para que las comunidades determinen el daño causado y el rumbo a seguir.

Ejercicios de poder popular, como este en La Guajira, que hemos puesto en Marcha con grandes limitaciones y dificultades logísticas, pueden ser emprendidos a gran escala con la solvencia que implica el poder del Estado, si la filosofía de este no responde al interés del capital, sino al bienestar general de la gente. Ese es el Estado al que debemos aspirar como garante real de una paz estable y duradera. Un Estado al servicio de las gentes del común.


Quienes habitan en las comunidades de Provincial y Las Casitas (Barranca), Las Casitas, Juan y Medio y Naranjal (Riohacha), Rancho Luna (Maicao), Marcelo Rancho (Albania), La Laguna (San Juan del Cesar), Media Luna y Bahía Portete (Uribia), etc., tienen mucho que aportar en la construcción de un nuevo país, empezando por su conocimiento ancestral y su convivencia respetuosa con la naturaleza, contrario a lo que ha considerado la arrogancia de los ricos de Bogotá y las grandes ciudades, quienes consciente o inconscientemente proceden como si estos colombianos no tuviesen nada que decir, como si fuesen algo inferior en derechos y clase.  

Solo llegando a la Colombia profunda se conoce el verdadero país, ahí se construye el discurso y se llena de contenido la consigna. Allí confirmamos, pese a las penurias de nuestro pueblo, que otra Colombia es posible si quienes gobiernan lo hacen a favor de las mayorías, si esas mayorías son tenidas en cuenta para aportar y decidir, y si el poder del Estado se dirige, no a la guerra, sino a la inversión social en las regiones olvidadas.



COMITÉ LA GUAJIRA RESISTE

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