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sábado, 2 de abril de 2016

Carta abierta al pueblo colombiano, a las delegaciones de paz de las FARC-EP, ELN y el Gobierno Nacional


“No habrá progreso sin educación, ni desarrollo sin cultura”
Alberto Assa

Desde la mística Región Caribe de Colombia, tierra de cumbias, vallenatos, fandangos, porros, sones, champetas, bullerengues, puyas y muchos otros ritmos más, muestra de nuestra riqueza cultural, enviamos un saludo lleno de alegría y esperanza al pueblo colombiano; a las FARC-EP en cabeza del comandante Timoleón Jiménez; al ELN dirigido por el comandante Nicolás Rodríguez Bautista; al Gobierno Nacional presidido por el doctor Juan Manuel Santos; a las delegaciones de paz encabezadas por el comandante Iván Márquez, el doctor Humberto de la Calle, el comandante Antonio García y el comisionado Frank Pearl; y de forma especial nuestro abrazo y saludo a los artistas y académicos de nuestra inmensa región que, a pesar de las dificultades ocasionadas por más de 100 años de soledad, aún aman lo que hacen; esta carta es para todos ustedes.

Está nuestra Colombia atravesando una realidad que años atrás creímos lejana e irrealizable: la solución por vía del diálogo del conflicto armado, ese que tiene ya más de medio siglo. Pensamos no volver a ver a las dos guerrillas más antiguas del continente sentadas con el gobierno hablando, debatiendo y llegando a acuerdos, con un paso más cerca de la paz y a la vez más lejos de la guerra. Éramos pesimistas hasta los artistas que tanto soñamos y tantas realidades personificamos y asumimos como propias cada vez que se sube el telón y entramos al escenario. Sí, lo admitimos, desde el arte y la academia se sentía un escepticismo frente a la posibilidad de alcanzar la solución de la guerra, se sentía miedo de poder expresar lo que pensáramos a través de nuestro arte o de mostrar los resultados de investigaciones realizadas, o incluso llevarlas a cabo porque el fantasma de muerte y terror, que lamentablemente aún recorre nuestro país con un paramilitarismo ascendente, se ensañó también contra nosotros.

Teníamos en nuestros corazones una gran tristeza por la lejanía de un nuevo amanecer entre Noches de Arreboles adornadas de mariposas amarillas, en donde Alicia Adorada pudiera Prende´ la Vela que diera aviso de las buenas nuevas de paz, amor y reconciliación de todos y cada uno de los que habitamos estas tierras; sentíamos como se alejaba el barco de la paz de nuestras costas, y al contrario se seguían llenando de rojo sangre mares, ríos, tierras, sabanas, desiertos, montañas y valles.

Aprovechamos esta carta para recordar a hombres y mujeres que aportaron tanto a la idea y puesta en marcha de unas bellas artes como a una academia al servicio de las transformaciones del país. Hoy estamos aquí con el alma llena de nostalgia y orgullo, por quienes dieron hasta lo más preciado por creer en un Macondo distinto al actual.

Tenemos años llenos de ilusiones, sueños y deseos de un mejor país, creemos que el 2016 es el año definitivo donde la balanza del amor ganará sobre el odio y la guerra, y esto desencadenará, como producto lógico, un cese al fuego y desarme de corazones, hechos que conducen inexorablemente a la terminación del conflicto armado y a la construcción de la paz que tanto anhelamos, esa que constituye un derecho inalienable de los pueblos.

#PazCompleta, dice una etiqueta tendencia en las redes sociales hace unos días, en donde queda claro que la paz no se logra solo dialogando con las dos insurgencias, sino también, y fundamentalmente, cuando se garantiza comida, salud, educación, empleo, vivienda, deporte, arte y cultura, en fin una paz de apellido dignidad, paz con dignidad y justa socialmente.

Este movimiento, que ha saltado a la vida pública nacional este año, nace como iniciativa de un grupo de artistas y académicos de la Región Caribe colombiana, que desde nuestras distintas formas de ver la vida y experiencias coincidimos en creer con absoluta certeza que el arte, la academia y la cultura son trascendentales en la construcción de una realidad social diferente, donde necesariamente se transforme lo viejo y caduco, diríamos que hasta podrido, por algo nuevo, sensible y liberador. Son estos aspectos principios necesarios para investigar, proponer soluciones, reconstruir lazos de hermandad, crear espacios de reconciliación, de cambio. Nuestra Colombia, nuestro maravilloso Macondo no aguanta más 100 años de llanto y tristeza.

El año 2012, fecha de inicio de los diálogos de paz en La Habana, decidimos apostarle, individualmente y ahora ya colectivamente, de manera irrestricta al proceso de paz con las FARC-EP y en este camino enfilamos nuestros esfuerzos para socializar cada punto de la mesa, buscando la apropiación por parte de todos y todas de estas conversaciones, pues al fin y al cabo es el futuro de nuestro pueblo el que se está definiendo en la mayor de las Antillas. Esto nos permitió además acercarnos a hacedores culturales y académicos de otras generaciones que por su cuenta venían también desarrollando una labor similar en otros escenarios. Nuestra ambición: convertir al Caribe en un gran territorio de paz, que sea un ejemplo para el país y el mundo de: verdad, justicia, memoria, perdón, reconciliación y no repetición. Estos laboratorios de paz, de pedagogía, deben ser constantes y deben replicarse, no solo con la participación de la delegación de las FARC-EP, sino también ahora con el ELN, y por supuesto con las instituciones del Estado, comenzando por el mismo Gobierno Nacional.

Nos constituimos como un medio para alcanzar el bien supremo de la paz, como una voz de los artistas y académicos, reiterando hoy más que nunca lo que hace ya tiempo hemos dicho: aquí estamos, dispuestos a servir de puente con todos los actores del conflicto en toda la región para tratar y llevar el mensaje de paz.

Abrazamos a esas otras generaciones que se han ido sumando a este proyecto, a este sueño, que también es de ellos, quienes con regocijo se suman a esta causa por la paz, partiendo del hecho que ellos llevan padeciendo por más años los estragos de esta cruel guerra.

Por último, les decimos que imaginamos un nuevo mañana donde las batallas día a día sean de flores, donde las paradas sean de danzas, donde la violencia se personifique en los teatros como un tiempo lejano para no repetir. El carnaval es nuestra expresión máxima de vida, de alegría, donde gana una y mil veces, al compás del chandé, el caporal del garabato sobre la muerte, espacio de confrontaciones sanas dadas a través de versos y bailes, y con el único muerto permitido que revive una vez se acaba la guachafita, el famoso Joselito Carnaval, que desde hoy nombramos Joselito por la Paz. Les entregamos las claves del desarrollo y del progreso, la clave para conseguir la paz que queremos: el arte, la educación y la cultura. Si Colombia le apuesta a esto seguro un nuevo país estará aproximándose.

¡Los artistas y académicos del Caribe queremos la paz!

Culturalmente, con calor, locura y pasión caribeña,

Movimiento Caribe de Artistas y Académicos por la Paz – MOCAAPAZ
Desde el caribe colombiano, abril 2016

1 comentario:

  1. Lindo mensaje, lleno de sensibilidad y espíritu caribeño. Muy bueno el compromiso de artistas y académicos con la Paz

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